Este mensaje está dirigido a quienes están viviendo la emergencia en Venezuela, y también a quienes están lejos, tratando de acompañar a sus familias desde la distancia
Después de un terremoto, no solo se mueven las paredes, las calles o las casas. También puede moverse por dentro nuestra sensación de seguridad. Muchas personas quedan con miedo, con el cuerpo en alerta, con dificultad para dormir o con esa sensación de no saber por dónde empezar. Y tiene sentido. Un desastre natural no es una experiencia sencilla de procesar.
Si estás viviendo esta crisis de cerca, lo primero es cuidar tu seguridad física y la de las personas que están contigo. Busca información en fuentes confiables, sigue las recomendaciones de las autoridades y, en la medida de lo posible, mantente acompañado. En momentos de emergencia, la presencia de otra persona puede ayudar mucho, aunque no tenga todas las respuestas.
También es importante cuidar lo básico, aunque parezca simple: tomar agua, comer algo, descansar cuando el cuerpo lo permita y respirar con calma cuando sientas que la ansiedad sube. No tienes que “estar fuerte” todo el tiempo. Puedes llorar, sentir miedo, sentir enojo o sentirte confundido. Son reacciones humanas ante una situación que nadie esperaba.
A veces, después de un evento así, la mente sigue repasando lo ocurrido. El cuerpo se sobresalta con cualquier ruido, cuesta concentrarse o aparece una preocupación constante por lo que pueda pasar. En los primeros días, estas respuestas pueden ser parte del impacto de la crisis. Hablar con alguien de confianza, expresar lo que sientes y volver poco a poco a pequeñas rutinas puede ayudarte a recuperar cierta estabilidad.
Pero esta experiencia no solo afecta a quienes están en el lugar del desastre. Muchas familias que han migrado viven la angustia desde lejos. Ven las noticias, llaman a sus seres queridos, esperan respuestas y sienten impotencia por no poder estar allí ayudando. Si tú estás fuera del país o lejos de tu familia, tu dolor también importa. Acompañar desde la distancia puede ser difícil, pero una llamada tranquila, un mensaje de apoyo o ayudar a organizar recursos también son formas reales de estar presente.
En medio de una crisis, nadie debería sentirse solo. La recuperación toma tiempo, y cada persona la vive de manera diferente. Algunas heridas se ven de inmediato; otras aparecen en silencio, días o semanas después.
Si notas que el miedo, la tristeza, la ansiedad o la sensación de estar en alerta no disminuyen, o si sientes que esto empieza a afectar tu vida diaria, buscar ayuda profesional puede ser un paso importante.
Recomendaciones breves para cuidar tu salud mental
- Busca estar cerca de personas de confianza. No tienes que procesar todo esto a solas.
- Trata de volver a lo básico: tomar agua, comer algo y descansar cuando tu cuerpo lo permita.
- Limita la exposición constante a noticias o videos si notas que aumenta tu ansiedad.
- Respira despacio cuando sientas que el miedo sube. Tu cuerpo necesita pequeñas señales de calma.
- Permítete sentir. Llorar, tener miedo, sentir enojo o confusión son reacciones humanas ante una crisis.
- Habla con alguien de confianza sobre lo que estás viviendo o sintiendo.
- Si estás lejos de tu familia, recuerda que acompañar también puede ser escuchar, llamar con calma o ayudar a coordinar recursos.
- Busca ayuda profesional si sientes que la ansiedad, la tristeza o el estado de alerta no disminuyen con el paso de los días.
En Total Health Guidance (THG) estamos para escucharte y apoyarte. No tienes que atravesar este momento solo. Puedes llamarnos al 321-332-6984 para explorar opciones de ayuda.


